¿Cómo construir una capilla en dos semanas?

A veces, lo esencial no necesita tiempo, sino claridad. Construir una capilla en solo dos semanas puede parecer un reto técnico, pero en realidad es una apuesta por la simplicidad como lenguaje arquitectónico. Cuando lo que se busca es crear un lugar de recogimiento, de encuentro íntimo, donde lo superfluo desaparece. La luz, la proporción, la materia y el silencio se convierten en los verdaderos protagonistas.

La rapidez no implica precariedad. Al contrario, obliga a concentrar cada decisión en lo fundamental: un volumen sereno, materiales nobles, una atmósfera que invite al recogimiento y al rito. La arquitectura, aquí, es un soporte para lo invisible, lo trascendente.

Una capilla puede construirse en dos semanas si se comprende bien su propósito: sostener el silencio. Y eso —en tiempos de ruido— es ya un acto profundamente contemporáneo.